viernes, 12 de noviembre de 2010

El matrimonio homosexual, ¿cuál es el problema?

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PANAMA 24 DE OCTUBRE. En la edición de La Prensa del domingo 24 de octubre, aparece un artículo en primera plana que nos informa que “casarse no está de moda” en nuestro país. El artículo también indica que un 85% de la república se manifestó, en una reciente encuesta, contra el matrimonio entre personas de mismo sexo. Esta cifra tan alta contra el llamado “matrimonio gay” me llamó la atención, ya que en los últimos años el rechazo a este tipo de relación ha ido disminuyendo y ha ido tolerándose progresivamente desde que fue legalizado hace muchos años en Dinamarca.
Latinoamérica tampoco se ha quedado atrás con respecto a esta actitud más receptiva hacia el matrimonio homosexual como lo han demostrado países tan “machistas” como México y Argentina que también han legalizado esta institución. Actualmente, el matrimonio entre personas del mismo sexo ha sido aceptado tanto legal como moralmente en varios países como en la mayoría de los países escandinavos y en varios otros estados europeos como España, Francia, Alemania, y en una gran cantidad de estados de Estados Unidos bajo el nombre de “uniones civiles”.
¿Cómo se explica entonces esta oposición tan fuerte en nuestro país? La actitud tan negativa al matrimonio gay que indica la encuesta mencionada se puede deber a varios factores, como la influencia hostil de la Iglesia católica que siempre se ha expresado en términos vehementemente antagónicos contra la homosexualidad, o a una frecuente actitud homofóbica por varios periodistas de nuestro país, o a una actitud generalmente hostil por parte de muchos panameños hacia los homosexuales. Independientemente de cuál sea la razón, no se puede negar, por lo tanto, que pese a la existencia de cierto amortiguamiento en el antagonismo hacia el matrimonio gay en el mundo occidental, en Panamá todavía impera una viva y muy fuerte homofobia.No obstante, no hay razones válidas, coherentes ni convincentes, que justifiquen la oposición al matrimonio homosexual.
Se han presentado varias objeciones, todas falaces, contra esta institución. Una de las principales objeciones es que los hijos criados por parejas heterosexuales se han desarrollado mucho mejor psicológica y socialmente.
Esta objeción ha sido sólidamente refutada por toda la literatura de las ciencias sociales. Otra objeción sostiene que la procreación es el propósito del matrimonio, la cual ha sido refutada por el hecho que a las parejas infértiles siempre se les ha permitido casarse. Otra, una de las más frecuentes, es la objeción religiosa. Esta objeción se basa principalmente en el texto de la Biblia y aunque es cierto que se pueden encontrar textos en la Biblia que prohiben prácticamente todo lo relacionado a la homosexualidad, una prohibición de un libro que justifica el genocidio, la esclavitud y el adulterio, no es la mejor guía de comportamiento para alguien que está contemplando casarse con otra persona del mismo sexo. También se ha mencionado hasta la saciedad que un matrimonio debe ser entre “un hombre y una mujer”.
Pero nunca se ha explicado ¿por qué se debe obedecer ciegamente este imperativo tan trillado especialmente por dos personas del mismo sexo que quieren vivir juntos y amarse por mucho tiempo o por el resto de su vida si no le están haciendo daño a terceros? Ninguno de estos argumentos tienen fuerza lógica y nos llevan a concluir que lo que parece que está en el fondo de este debate y es la verdadera razón contra el matrimonio homosexual es que hay personas que sencillamente no gustan de los homosexuales, o sea simplemente por homofobia, y que tienen actitudes muy similares a la “fobia” tan irracional que existió en el pasado contra los matrimonios interraciales.
ROBERTO HERNÁNDEZ DOCENTE UNIVERSITARIO

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