domingo, 13 de marzo de 2011

Crimenes de Odio en Venezuela (El Universal)

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No existen en la norma penal venezolana, pero abundan en la calle. Como los motivados por homofobia, por ejemplo. Los colectivos LGBTI aspiran a que se incluyan en la agenda de la AN.



OSCAR MEDINA EL UNIVERSAL domingo 13 de marzo de 2011 12:00 AM

A Luis Enrique Montilla, según dicen, le dieron varios balazos. Pero eso no fue suficiente: también lo degollaron con un cuchillo de cocina y lo lanzaron a una fosa abierta en un viejo cementerio barinés. Le acompañaba su amigo Baudilio Gallardo Bastidas. Ambos de 18 años, peluqueros de oficio. Gallardo intentó huir. Peor para él. Recibió un tiro en el abdomen. Sus victimarios no estuvieron satisfechos con tan poca cosa: cortaron su cuello con el mismo filo. No fue suficiente: le prendieron fuego mientras agonizaba.

Sobre ellos dijo un diario regional: "La comunidad de Barrancas resultó alarmada por el hallazgo de los cadáveres de dos jóvenes con tendencia afeminada". Una manera un poco torpe de aclarar que eran homosexuales. Sus padres los reportaron como desaparecidos ante la policía científica: los vieron vivos por última vez el pasado 11 de enero. Cuatro días más tarde los familiares encontraron los cuerpos en el cementerio de Pueblo Viejo, en Barrancas.

El asunto se resolvió así: Erik Mike Sepúlveda, de 19 años, orquestó la celada y el doble asesinato ayudado por cinco cómplices, dos menores entre ellos. La discusión por una deuda de 400 bolívares explica el asunto y la detención de los asesinos -con foto del cuchillo incluida- cerró el caso para efectos policiales.

A Rodrigo Durán le conocían como Xiomara. Una amiga vio cómo sucedió todo: ambas estaban en la avenida Libertador, en Caracas, haciendo trabajo sexual. Primero pasaron unos policías que les dijeron algunas cosas: lo de siempre, los insultos. Horas más tarde, desde un automóvil particular un hombre solo les gritó otro tanto. Lo común: ser insultadas y responder.

Al rato volvió el mismo sujeto. Detuvo el carro. Hizo señas, las llamó. Xiomara pensó que podía ser un cliente. Calculó muy mal: recibió seis balazos, pasó 11 días agonizando, hubo extraños problemas para atenderla en alguna terapia intensiva y murió, finalmente, durante una intervención en el hospital Pérez de León el 18 de mayo de 2009.

Chantal fue testigo de este asesinato: no hubo robo, no fue un cliente habitual que regresó molesto. Sólo hubo plomo. Pero no se atrevió a denunciar, ni a explicar cómo era el victimario. Se esfumó. Durante meses no regresó a la Libertador. Pero hay que trabajar y ese es el mejor sitio. Tuvo que volver. El 14 de enero de 2010, muy cerca de Pdvsa, la mataron de un balazo. Estaba sola. No la robaron. Nadie, fuera del CICPC, conoce el estatus de la investigación. En realidad, tampoco se sabe si ha habido tal investigación. En concreto: Yonatan Matheus, director general de la ONG Venezuela Diversa, ha intentado que le informen al respecto. Ha sido en vano.

Además del horror y la obvia orientación sexual de sus infortunados protagonistas, estas historias tienen otro elemento común: en su tratamiento policial y penal debería considerarse el concepto "crimen de odio" por encima de la salida tan sencilla de despacharlos como "ajuste de cuentas". Y ese factor no se maneja, entre otras cosas, porque no existe en las leyes venezolanas.

"Es una categoría que se refiere a agresiones y delitos cometidos contra una persona y que están asociados a prejuicios del atacante que pueden ser religiosos, raciales, por su nacionalidad o por su orientación sexual e identidad de género, real o percibida". La explicación es de Tamara Adrián, abogada y activista por los derechos de la diversidad sexual. El concepto incluye todo lo que contiene el Código Penal. Es decir, no se trata sólo de asesinatos.

Así lo define el Tolerance and Non-Discrimination Information System (Tandis): "Son hechos criminales cuyo motivo es el prejuicio. Este motivo es lo que hace a los crímenes de odio diferentes de otros delitos. Incluyen actos de intimidación verbal y hasta violencia física o daño a la propiedad. El término se refiere más a un tipo de delitos, o fenómeno, que a un delito específico. No es una definición jurídica y no todos los sistemas penales los reconocen. Los crímenes de odio tienen dos elementos: un delito y un motivo prejuicial. Sin delito no hay crimen de odio. Sin motivo prejuicial es un delito ordinario. El perpetrador siempre escoge a su víctima por pertenencia (real o percibida) en un grupo específico (étnico, religioso, sexual, con discapacidades, etcétera)

La condición agravante

En lo que va de año se han identificado al menos 4 asesinatos que podrían ser tratados como crímenes de odio. En la lista están los dos jóvenes de Barinas. También Angel Segundo Pirela, 19 años, travesti. Se hacía llamar Angela, estudiaba peluquería quizás para abandonar la calle. Lo encontraron muerto en Maracaibo el 18 de enero. Sin, pómulo y cabeza: por ahí entraron las balas.

El registro no es completo. Se levanta apenas con lo que se publica en la prensa o con el comentario de calle. Problemas, muchos: las familias suelen esquivar la atención para que no se conozca la orientación sexual de las víctimas. Pero sin personal ni recursos suficientes y pese al secretismo que ya es norma en el CICPC, Venezuela Diversa contó siete casos en 2009. El de Sasha Estefanía (Carlos Velásquez), 28 años, transgénero, es uno. A las 6 de la tarde en la calle Los Cedros de la urbanización caraqueña La Florida, un balazo en la cabeza la dejó sin vida.

La mañana del viernes 3 de julio de 2009 encontraron el cuerpo de Jhon Carlos Molina Morales detrás del politécnico Santiago Mariño, en San Cristóbal: primero pensaron que era una dama, dice la nota de sucesos regional. Hasta que se constató que era "un transformista que actuaba en horas nocturnas". Otra torpeza del lenguaje que refleja parte del problema: ¿en qué se "transformaba" Molina? Murió a balazos. Como casi todos los del inventario.

¿Hay que asumir que todos los asesinatos de homosexuales, travestis y transgéneros son crímenes de odio? Támara Adrián explica que existe una suerte de convención internacional al respecto: "Si una persona gay, transgénero, lesbiana, sexo diverso, es asesinada, hasta prueba en contrario la hipótesis policial debe suponer que se trata de un crimen de odio y deben estar atentos a la presencia o no de elementos de esa naturaleza. El problema aquí es que no se considera el móvil del odio. Y si no se investiga no hay mucho que se pueda hacer".

Motivos fútiles, carga de prejuicio, posible relación con grupos fanáticos, presencia de signos particulares y, especialmente, ejecución con saña. Esos son algunos de los aspectos que -aunque varían de un hecho al otro- ayudan a identificar que se trate de un crimen de odio.

Lo de Barinas calza como ejemplo: "Ese fue un crimen de odio", dice José Ramón Merentes, de Unión Afirmativa Venezuela: "Muestra evidentes signos de desprecio por las víctimas: los degollaron, quemaron a uno, enterraron a otro".

La Red LGBTI de Venezuela, que reúne a diversos colectivos organizados de lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, transgéneros e intersexuales; ha tratado de que la legislación nacional reconozca la existencia de los crímenes de odio. De hecho, reiteraron su solicitud formal ante la Asamblea Nacional -en documento del 22 de febrero de 2011 (ver nota complementaria)- a que la reforma a las normas penales incluya la tipificación de crimen de odio como agravante genérica en todos los delitos. Piden, además, que se designe una Comisión Especial para Asuntos de Diversidad Sexual en la AN.

Tamara Adrián, directiva de la red, asegura que en noviembre pasado intentó conseguir un derecho de palabra ante la comisión de diputados que discutía la reforma al Código Penal: "No respondieron".

El planteamiento no es aislado. Se trata de un aspecto inserto dentro de la aspiración a eliminar lo que consideran como "leyes segregacionistas por razón de orientación sexual o identidad de género". El asesinato es el eslabón final donde termina una larga cadena de hechos asociados con la discriminación y el prejuicio.

Venezuela Diversa comenzó a documentar los casos en 2008 a raíz de la muerte de José Eduardo Aranda, conocido por su "nombre social", Aranta: merideña, un balazo. "Tenemos un programa de prevención de VIH con las chicas que trabajan en la avenida Libertador. Y allí nos encontramos con sus problemas: palizas, acoso policial", explica Matheus: "La violencia contra ellas se ha incrementado y de eso no se habla. Se intenta justificar esa violencia y los maltratos por el tipo de trabajo que realizan, pero no se toman en cuenta sus derechos humanos. Lo que hacen es criminalizarlas y justificar socialmente las agresiones. Se niegan a reconocer que son crímenes de odio. Por eso empezamos el registro, para visibilizar esta situación".

Daniel Márquez, de Unión Alternativa Venezuela, advierte: "No existe una dirección especial en la Defensoría del Pueblo, ni en la Fiscalía que se ocupe de estos casos. En la Alcaldía Metropolitana había una oficina de atención a LGBTI donde recibían denuncias, pero la eliminaron al salir el alcalde Juan Barreto".

La única instancia, entonces, no existe más. Un estudio hecho en 2008 por Acción Ciudadana Contra el Sida, reflejó que 50% de los encuestados han sufrido agresiones por parte de cuerpos policiales o por privados debido a su condición de LGBTI . 89% de las agresiones no son denunciadas: 45% no lo hace por desconfianza al sistema y 28% por miedo o vergüenza. Se estima que hoy ese panorama sea peor. "Las pocas denuncias que se llevan a cabo no se procesan con categorías diferenciadoras", señala Adrián: "Muchas se catalogan como hampa común o crimen pasional. Y esa es una forma de invisibilizar la problemática".

"No todo crimen de odio termina en muerte", advierte Matheus. Por eso se hace seguimiento -o se intenta- a situaciones de acoso y maltrato a las personas de la "diversidad sexual". En sus recorridos por Caracas el equipo de Venezuela Diversa encuentra razones de alarma. Por ejemplo: a la homofobia de los cuerpos de seguridad se suma la de vigilantes privados de centros comerciales que hostigan con impunidad. "Hay un empeño por criminalizar el hecho de ser gay". A partir de esa idea resta poco para unir la cadena: "Violencia verbal, física, abuso de autoridad, extorsión y, finalmente, la muerte".

Tomado de: http://www.eluniversal.com/2011/03/13/crimenes-de-odio.shtml

viernes, 11 de marzo de 2011

Aparecen pegatinas declarando una “zona libre de gays” en las calles de Londres

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Multitud de pegatinas han salpicado el barrio de Shoreditch y el distrito de Tower Hamlets, en el este de Londres, declarándolos “zonas libre de gays”. Las pegatinas incluyen una bandera gay tachada y fragmentos en clave amenazante de versículos del Corán. Ello ha hecho sospechar de un grupo fundamentalista islámico, aunque se han planteado también otras posibilidades. Según la policía, en dicho distrito tienen lugar más de cinco delitos homofóbicos cada mes.

Los carteles, pegados sobre edificios y farolas cercanas a lugares de ambiente de Shoreditch, o en calles y en el exterior de una escuela de Tower Hamlets, contienen fragmentos del Corán como “…y temed a Allah, pues en verdad Allah es severo en el castigo” [al-Hashr 59:7]. El activista LGTB Peter Tatchell ha declarado que “en los últimos años se ha producido un número de amenazas y ataques homofóbicos por parte de jóvenes de origen asiático en el este de Londres. [...] Yo mismo he sido atacado por jóvenes musulmanes tres veces [...]. En los tres casos, los agresores gritaron consignas religiosas. Mis amigos LGTB musulmanes que viven en la zona están angustiados y tienen miedo. Temen ser atacados y no se atreven a revelar su sexualidad. [...] Las principales víctimas de este odio son los musulmanes LGTB.”

Tanto el Consejo Musumán Británico como la Asociación de Musulmanes Británicos han condenado las pegatinas, denunciando firmemente cualquier tipo de discriminación y violencia, y subrayando que no hay nada en el Corán en contra de las personas LGTB. Además, Jack Gilbert, del foro comunitario LGTB de Tower Hamlets, declaró tener pruebas que señalaban a grupos británicos de ultraderecha como responsables probables de las pegatinas. En concreto, Gilbert señaló a la English Defense League, un grupo consagrado a la lucha contra el Islam en el Reino Unido, y que según él estaría intentando fomentar tensiones entre las comunidades LGTB y musulmanas. La policía y las autoridades del distrito de Tower Hamlets han deplorado la aparición de las pegatinas y han declarado estar investigando su origen. Las pegatinas, en cualquier caso, están siendo cubiertas por los vecinos con “mensajes de amor”.

Cabe recordar que en 2009 también aparecieron pegatinas homófobas en una zona gay de Manchester, pero en aquella ocasión los responsables pertenecían al National Front, un grupo de ultraderecha. Y, sin ir más lejos, extremistas de derecha también colocaron pegatinas similares en el centro de Madrid, en los días previos al último Orgullo LGTB.

Se trata de un tema especialmente delicado, que se produce en un momento de esperanzas de democratización y secularización en zonas del mundo árabe por una parte, y de recientes declaraciones de líderes europeos anunciando el fracaso del ‘multiculturalismo’ por la otra. Entre dichos líderes se cuentan el propio Primer Ministro británico, David Cameron, así como Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, a los que acaba de sumarse el Consejo de Europa.

Hawaii aprueba las uniones civiles gays

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Un nuevo estado norteamericano se ha incorporado al cada día más amplio club de estados que garatizan los derechos LGBT. Hawaii, uno de los estados más conservadores de la Unión, acaba de aprobar, por 18 votos a favor, y 5 en contra, el proyecto de ley que legaliza las uniones gays. El proyecto extiende los mismos derechos, beneficios, protecciones y responsabilidades de los cónyuges de un matrimonio heterosexual a las parejas en una unión civil.

Tras la aprobación del Senado, ahora la ley debe ser firmada en un plazo de diez días por el gobernador de Hawaii, Neil Abercrombie, firme partidario de la igualdad de derechos LGBT. Y tras la firma, las primeras uniones se podrían celebrar el 1 de enero del 2012.

El gobernador Abercrombie ha explicado que:

Siempre he creído que las uniones civiles respetan nuestra diversidad,
protegen la privacidad de las personas y refuerzan nuestros valores de igualdad
y aloha.
Además, el gobernador también ha señalado que:

Apreció todo el tiempo y esfuerzo invertido por los que han compartido sus
pensamientos y preocupaciones con respecto a las uniones civiles de Hawaii. Este
ha sido un proceso emotivo para todos los implicados

Matrimonio gay, una lección de compromiso

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Con impunidad no hay reconciliación posible

No hay reunión entre mujeres donde no salga a colación en la conversación el tema del compromiso. Las féminas deseosas de casarse y “formar un hogar” – como dicen las mamás y las abuelas – cada vez son menos. Es común escuchar que “para qué firmar un papel” si es los mismo convivir, total, las concubinas tienen los mismos derechos, y “si te cansas del tipo no tienes que pasar por el rollo del divorcio”…otras más radicales aducen que “el amor no existe” y prefieren tener un hijo siendo solteras, cuando el reloj biológico las apremie, unas cuantas prefieren un “eterno noviazgo” sin obligaciones bajo el mismo techo, viviendo cada quien por su parte, de manera independiente, para que la “rutina no mate el amor”. Pareciera que la ola de divorcios nos ahogó la fe en la familia, nos hizo alérgicas al compromiso y generó en nosotras un gran miedo al fracaso. Los hombres se sintonizan con esta frecuencia y es cada vez más común ver a treintones y cuarentones que se resisten a “sentar cabeza” y prefieren seguir una vida de solteros, probando aquí y allá, antes de decidirse a embarcarse en la difícil tarea de construir un hogar.
Por otra parte, somos espectadores de la denodada lucha de la comunidad gay por obtener el derecho a casarse. Los (y las) homosexuales en todo el mundo quieren legitimar sus uniones de hecho ante la ley para amparar económicamente a sus parejas, para caminar orgullosamente de la mano y lucir sus anillos de casados, para poder adoptar niños y brindarles un hogar estable.
Llama la atención como nosotros, los heterosexuales, hemos dejado de apreciar el privilegio que tenemos mientras ellos sufren por no poder consolidar las familias que sueñan formar. Los legisladores deberían advertir ese deseo, y permitirlo de una buena vez, estas personas nos están dando una gran lección de amor y compromiso que debemos analizar.
Así como hay familias donde el padre está ausente – cosa que predomina en Venezuela-debemos asumir que pronto veremos familias con dos padres o dos madres, en una hermosa diversidad social. Los valores, la educación y la crianza que recibirán estos niños no tienen por qué ser cuestionados, ningún ser humano nace con el manual para ser el padre o la madre perfectos, es una tarea que se aprende en el proceso guiada por el amor, y la orientación sexual de ellos será, como la de todos, un decisión personal.
Esta minoría debe ser respetada y escuchada, y nosotros comenzar a mirar el amor más allá de la inmediatez de la pasión, como una decisión de vida a largo plazo.

¡Cuidado, hay niños viendo!


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