viernes, 11 de marzo de 2011

Matrimonio gay, una lección de compromiso

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Con impunidad no hay reconciliación posible

No hay reunión entre mujeres donde no salga a colación en la conversación el tema del compromiso. Las féminas deseosas de casarse y “formar un hogar” – como dicen las mamás y las abuelas – cada vez son menos. Es común escuchar que “para qué firmar un papel” si es los mismo convivir, total, las concubinas tienen los mismos derechos, y “si te cansas del tipo no tienes que pasar por el rollo del divorcio”…otras más radicales aducen que “el amor no existe” y prefieren tener un hijo siendo solteras, cuando el reloj biológico las apremie, unas cuantas prefieren un “eterno noviazgo” sin obligaciones bajo el mismo techo, viviendo cada quien por su parte, de manera independiente, para que la “rutina no mate el amor”. Pareciera que la ola de divorcios nos ahogó la fe en la familia, nos hizo alérgicas al compromiso y generó en nosotras un gran miedo al fracaso. Los hombres se sintonizan con esta frecuencia y es cada vez más común ver a treintones y cuarentones que se resisten a “sentar cabeza” y prefieren seguir una vida de solteros, probando aquí y allá, antes de decidirse a embarcarse en la difícil tarea de construir un hogar.
Por otra parte, somos espectadores de la denodada lucha de la comunidad gay por obtener el derecho a casarse. Los (y las) homosexuales en todo el mundo quieren legitimar sus uniones de hecho ante la ley para amparar económicamente a sus parejas, para caminar orgullosamente de la mano y lucir sus anillos de casados, para poder adoptar niños y brindarles un hogar estable.
Llama la atención como nosotros, los heterosexuales, hemos dejado de apreciar el privilegio que tenemos mientras ellos sufren por no poder consolidar las familias que sueñan formar. Los legisladores deberían advertir ese deseo, y permitirlo de una buena vez, estas personas nos están dando una gran lección de amor y compromiso que debemos analizar.
Así como hay familias donde el padre está ausente – cosa que predomina en Venezuela-debemos asumir que pronto veremos familias con dos padres o dos madres, en una hermosa diversidad social. Los valores, la educación y la crianza que recibirán estos niños no tienen por qué ser cuestionados, ningún ser humano nace con el manual para ser el padre o la madre perfectos, es una tarea que se aprende en el proceso guiada por el amor, y la orientación sexual de ellos será, como la de todos, un decisión personal.
Esta minoría debe ser respetada y escuchada, y nosotros comenzar a mirar el amor más allá de la inmediatez de la pasión, como una decisión de vida a largo plazo.

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